Hoy 23 de abril de 2024, día internacional del libro y los derechos de autor, leemos a América Femat Viveros (1984). Escritora, profesora y editora mexicana. Fundadora del proyecto cultural Cipselas y cofundadora de la Red de Editoriales Independientes de Hidalgo. Integrante de la mesa directiva de la Academia Nacional e Internacional de Poesía del Estado de Hidalgo. Colabora en El Ojo de Faetón, Círculo de estudio ante la poesía. Acreedora del PECDA 2017 con la obra “La espiral del peregrino”. Finalista en la convocatoria “Jardín de Figuras abiertas II”. Bitácora de Vuelo Ediciones (2020) con el compendio “Los veneros del Pez”. Cuenta con 10 obras publicadas. Obra suya ha sido leída en la Biblioteca Nacional de México y publicada en el compendio digital "Mujeres, Amor y Libertad, textos breves de autoras mexicanas e iberoamericanas” dentro del marco "Día de las escritoras".
Su obra aparece en el fascículo digital “Muestra Poética, América Femat” de la Revista Mal de Ojo (Chile) y en el compendio de investigación “Romper con la palabra, Violencia de género en la obra de escritoras mexicanas” (Eon Editorial), publicada en medios digitales e impresos como Círculo de Poesía, El Golem Revista Literaria, El Comentario Semanal de la UCOL, Revista Orbe México Arte y Cultura, Cardenal Revista Literaria, Suplemento Cultural "La Jiribilla", del Gráfico de Xalapa, entre otras.
Apuntes sobre Kepler
(Afelio y Perihelio)
Si Kepler estuviera aquí
y no en el indefinido espacio de mutismo,
vendría a dictarme un poema
para dártelo en ofrenda.
No, no es cierto,
más bien dictaría y a puertas cerradas
una conferencia sobre las leyes que describan
la órbita de los planetas
en la sustancia muda de una elipsis de brazos.
Después de terminada mí fantasía,
errática me marcharía,
a beber la pena de ser ley,
y en casa
alejada de ti o cercana, yo ya no sé
y a velocidad menor
con la oscuridad vasta
de mis paradojas
deslumbrada de olvido
me iría a beber las lágrimas de mi absurdo.
También sé,
no por ley de deducción matemática,
sino por instinto,
que llegará el momento
en el que
brevemente
me acerque
y sienta tu calor,
tu hastío, tu cólera.
Ese día, también,
injusto
extraño,
relámpago de estrellas
pasará.
Imágenes de un transeúnte
(Irrupción, 2018)
Un viaje, un retorno.
Siempre sola
en dirección constante.
Avanzo con sed,
deslizo en desvelo.
En el centro un vacío lleno
de multitud bulliciosa,
todos en dirección contraria.
Ciudades erigen su cuerpo,
deslumbrantes en lentitud veloz.
Desperté para rayar el alba
y me encuentro en el ocaso
de una metrópoli indescifrable.
Declaración del verdugo
(Insinuación del incendio, 2023)
No,
aquí no se muerde el aire
—gentilezas de anémonas lluvias—.
No son de himnos los corazones
—salinidades que se ignoran—.
Tampoco la consciencia de mi pecho
es de un latido abierto
ni triunfa al verbo endurecido como roca
“Amar” ¿no hace falta a-mar?
Por eso fabricamos versos a la orilla de un lago
y en el lago los peces se pescan y se besan.
“Peregrinamente besan”.
Mordisquean la trampa,
dejan sentir los deseos de sus lubricidades.
Aquellas cicatrices de espuma cuchichean
sobre la piel muerta.
Amados, permiten mirarlos de reojo,
en la cueva de sus exhalaciones,
en los bordes salitrosos que escurren sus cuerpos
en las transparencias de sus saltos.
No permiten mirar el cómo ni lo que traspasan.
Los peces refulgen de labios,
de sus labios cuelgan frutos preciosísimos,
de sus labios orbitan jugos intactos,
descuelgan su perfume en cascada,
caen en la red y en picada,
peces de abril.
Mi cuerpo no es ajeno a su magia,
ajenos los ritmos que mecen al aire.
No,
aquí no se esquila el viento,
gentilezas de anémonas lluvias.
“Amor” no hace falta amar.
¿Amar?
—¿Puede el verbo revolucionar mi fuego
erguirse siniestro, respirar por los corredores ominosos,
rítmicamente atizar el madero de mi carne
seguir la pista, compás y aparecido?
Pero aquí la forma es el todo y el todo es el fondo.
—Me parece que existe un magma abarcando el lago.
Los peces se funden y son el metal de la aurora.
El violeta de la sangre a espaldas del hado.
Abro el contorno del beso
fogón tiznado, patria conspirada,
pedazos de calle baldía,
momificada primavera.
De nado a mis despojos,
estoy al servicio de la tarde
donde se ahueca una transparencia de hojas,
donde las ondas vibran sus malas intenciones.
Luego sucede la risita del corazón,
siniestra,
risita en el hueco de mí pecho de tornasolada ventana
y de frente a la noche de este amor dolido.
No es difícil comparar la revolución de mi alma
con estos temidos peces enamorados
muertos de hambre
y de sueños de besar.
@ame_femat ♬ Positive Vibes - Soundbeaver
